Buscar este blog

viernes, 27 de julio de 2012

Juegos Florales Iberoamericanos de Alta Verapaz / Homenaje

Homenaje en los Juegos Florales Iberoamericanos de Alta Verapaz al escritor novelista Ernesto González Borja, Cobán, 20/07/2012

viernes, 3 de febrero de 2012

Grito del pueblo

Estentóreo grito que emerge
de la garganta de una anciana,
o de los labios de un adolescente.
¡Grito de protesta!
de hambre, de indigencia;
aparentemente inútil,
¡Indiferente!
pero, al fin, ¡Grito de protesta!
De niña o niño de escuela,
de anciana o anciano,
de muchacha o muchacho,
obrero o estudiante
en peligrosa aventura callejera.
Grito emitido en protesta clara
por el alto costo de la vida;
en reclamo de una justicia verdadera.
Grito reprimido en el pecho,
que hoy brotas desbocado
rompiendo la membrana del temor.
Grito liberado por el hambre,
que hoy sales como trueno fulminante
en caótica tormenta tempestuosa;
como turbulenta ola de mar embravecido,
al romper en el risco que la ataja;
como el quejido del árbol tumbado,
 al chocar contra el suelo
mortalmente herido.
¡Grito de protesta!
Grito del pueblo, antes dormido;
ahora acompañado por el ruido de cacerolas
ejecutadas por callosas manos
de asustadas madres indigentes;
acallado por bastones y gases;
enturbiado por vandálicos hechos.
¡Grito del pueblo!
Déjate escuchar claro y limpiamente.
Deja que el pueblo se desahogue…
Que desborde sus penas en ti;
no exijas tributo de sangre de hermanos.
¡Emerge, Grito de protesta!
Pero no degeneres en violencia.

Ernesto González Borja

Guatemala, 3 de septiembre de 1,985

Copyright © 2000-2012 Ernesto González Borja. Todos los derechos reservados.

lunes, 30 de enero de 2012

Brindis de los bohemios de Hidrochulac (1983-1984)

En torno de una humeante churrasquera
un grupo de empleados de Hidrochulac departía,
despidiendo así  el año viejo que se iba
y deseándose unos a otros que el año que venía
fuera lleno de ventura y pletórico de felicidad.

El aroma de la carne asada se esparcía
abriendo el apetito de los  compañeros de trabajo;
las copas de licor se chocaban entre sí,
se vaciaban, se llenaban y volvían a vaciar.
La noche era fría, el clima de la época,
pero las brasas de la fogata daban al alegre grupo
un agradable calor, que la transformaba en placentera.

Se hablaba de todo:
se contaban chistes y se hacían bromas,
el humo de la fogata y el de los cigarrillos
se confundía elevándose en formas caprichosas
hacia el cielo iluminado por estrellas.

En la parrilla se veían trozos de carne,
tortillas, cebollitas y una sartén con frijol volteado.
Lily demostró ser una magnífica cocinera
además de ser una eficiente secretaria.
Se escuchaban alegres risas y las bellas notas
que brotaban de una enorme grabadora.

Una voz varonil dijo de pronto: “La doce, compañeros,
Digamos el requiescat por el año que se ido
―se bajó el volumen a la grabadora
y se escucharon aplausos y ovaciones,
animando así al que hablaba―.
Brindo ­―continuó Tavo― por Fabiola,
por esa secretaria hermosa y encantadora,
la del pelo rubio como una aureola”.
“¡Bravo! ―dijo Maco―. Yo brindo por Betty,
la secretaria de Sismología, por su cuerpo espigadito
Y la eterna sonrisa de sus labios”.

Franco levantó su copa, se sobó su estomaguito,
nos envolvió con una nostálgica mirada, y dijo:
“Yo brindo por Lily, la secretaria de la Tesorería,
la que esta noche nos ha llenado de alegría…
Brindo por sus hechizos, y porque el año entrante
nos siga deleitando con sus guisos”.

“¡Brindo por Margarita! –casi gritó Fredy―.
Sí, brindo por esa preciosa muñequita”.

Los bohemos de Chulac reían y aplaudían,
festejando cada brindis, cada ocurrencia,
ocurrencia que brotaba de sus labios,
inspirados por noches como aquellas…
noches sin luna, pero con un cielo salpicado de estrellas.

“¡Brindo por Ruth! ―dijo FM―,
(alguien del grupo fijó toda su atención al brindis)
la encargada de la fotocopiadora,
por ser una buena trabajadora
y porque hoy vemos que a su esposo adora”
(El esposo de Ruth sonrió con complacencia)

“¡Brindo por Chayito, la secretaria de compras,
Porque esta noche nos da calor con su presencia!”
―dijo Chepe, y apuró su copa de venado y coca.

Alejandro se subió en un bordo, y dijo:
“¡Brindo por Normita, la secretaria de la Dirección Residente,
por su cara tan bonita y su carácter complaciente!”.

En el horizonte plateaba la aurora,
el primer día del año 1984 se abría paso en las tinieblas
del año 1983 que agonizante se despedía.

Grillos, ranas y sapos también celebraban en coro,
uniéndose a la algarabía de los empleados de Chulac.
Era de madrugada cuando todos contentos
se despidieron y se retiraron a sus viviendas.
Un año de trabajo venía, y debían esperarlo sobrios.

***

Con dedicatoria a los alegres compañeros de trabajo
de Hidrochulac. Un saludo cordial para todos.

Ernesto González Borja

Copyright © 2000-2012 Ernesto González Borja. Todos los derechos reservados.

martes, 24 de enero de 2012

Parte del capítulo 16 de mi novela "Por senderos peligrosos"

Un día Armando y un amigo estaban pescando con arpón en el río Sauce. Se habían puesto de acuerdo de hacerlo uno en un lado, y el otro en el opuesto, un poco adelantado para evitar herirse el uno al otro. Chico “Canuta”, que era su compañero de pesca, iba adelante. Esperó que Armando saliera a la superficie y le advirtió de la presencia de un cantil de agua.
―Tené cuidado cuando pasés por aquí, en tu orilla hay un cantil ―le dijo.
― ¿En dónde mero? ―preguntó Armando.
―Entre la lechuguilla, en la balsera ―respondió Chico, y se volvió a sumergir en las claras aguas del río.
Armando también se sumergió, dejándose arrastrar por la suave corriente de las aguas, en busca de una mojarra (1). Casi de inmediato vio un hermoso ejemplar en el fondo, pero no estaba a tiro de arpón. Calculó que todavía tenía suficiente aire para perseguirlo, hasta que se pusiera en posición de tiro y, sin perderlo de vista, continuó nadando bajo de agua. Pero en ese momento la silueta del pez empezó a desvanecerse en lo que parecía ser la sombra proyectada por algún árbol de la orilla. Sabía que le quedaba  poco tiempo para renovar aire, y decidió probar suerte, ya en otras ocasiones lo había hecho con buenos resultados. Disparó su arpón y el agua se enturbió.
Trató de guardar la calma, aunque sabía que tenía que subir a la superficie, en busca de una bocanada de aire.  Empezó a patalear, subiendo oblicuamente, dirigiéndose, según él, al centro del río para evitar la empalizada que cubría la superficie del recodo. No fue mucho lo que logró subir, porque sin notarlo se había adentrado en una cueva formada por la corriente. Las aguas se enturbiaron más, y ya para entonces estaba urgido de respirar.
Chico se había adelantado bastante y no se dio cuenta del problema en que su compañero estaba, porque muchas veces la pesca era buena para cualquiera de los dos y se separaban por largo rato.
Armando, todavía sin perder la calma, pero sabiendo que estaba en un grave problema, decidió aguantarse unos segundos más, esperando que la corriente arrastrara las aguas turbias, mientras trataba de divisar la claridad de la superficie para dirigirse hacia allá y respirar el aire que necesitaba.
Por fin vio un pequeño claro al cual se dirigió. Ya estaba casi en la superficie, pero la empalizada no lo dejaba salir. Ahora, más necesitado de aire fresco en sus pulmones, lo único que se le ocurrió fue quitarse el snorkel y pasarlo por entre los palos y soplar para ver si podía expulsar el agua, y respirar. ¡Lo logró! Llenó sus pulmones con el aire fresco y oxigenado que tanto necesitaba. En ese momento se dio cuenta que se encontraba en el lugar en donde Chico le había dicho que estaba el cantil de agua, serpiente sumamente venenosa. Tratando de no moverse mucho, se hundió de nuevo en las aguas, pensando que en cualquier momento sentiría el fuego de la mordida mortal del ofidio.
La suerte ayudó a Armando. ¡Salió sin problema y continuó la pesca, ahora teniendo más cuidado de ver en dónde se metía!




[1] - Pez tropical

lunes, 23 de enero de 2012

Un poco de "Aurora y Ocaso de una Ilusión"

Es una novela basada en la vida real, inspirada por los relatos de mi madre de vivencias de su infancia; de cómo su papá (mi abuelo), hijo de Camilo Borja, quien había venido a Guatemala de Chile a mediados del siglo XIX, había iniciado una finca en el mero corazón de la jungla aparentemente indomable, en el norte de Alta Verapaz, Guatemala, Centro América (1909); y de cómo era la vida en ese tiempo en las márgenes del Río Negro, cerca del Pellán, nombre de los famosos rápidos que encajonan las aguas de dicho río, y donde era necesaria la pericia y valentía de los hombres que se atrevían navegarlas en frágiles embarcaciones, construidas de madera (canoas). Me platicaba de los acechos de los tigres a los animales domésticos; de la peligrosidad de las serpientes venenosas, como la "barbamarilla"; las alegres pescas en ríos y lagunas. En fin, eran grandes las aventuras para una niña de apenas 6 años, quien así como se vio en peligros, siempre cuidada, al igual que su hermanita, por sus progenitores y empleados, también gozó de la belleza de la flora y el encanto de la fauna, pues en ese entonces los entornos selváticos eran vírgenes, y una basta variedad de animales exóticos los poblaban.
Trataré de seguir informándolos más de la trama de la novela. De verdad que es muy interesante. Saludos. Gracias por leer.

A mis amigos

Les ruego hacer comentarios de mi blog; me interesa saber su opinión, porque me gustaría publicar mi próxima novela, que trata del narcotráfico en el area. Les estaré informando. Saludos.

Ernesto González Borja

sábado, 21 de enero de 2012

Madre

Como suave pétalo de rosa,
o delicada pluma de colibrí;
así, ¡oh, madre bondadosa!
De tus manos recibo caricias
en mi frente perlada de sudor.

¿En dónde, madre mía,
tu corazón alberga tanto amor?
Repetidas veces me preguntaba
mientras de tu voz escuchaba 
dulces palabras de consuelo
en mis largas horas de dolor.

Este inculto espíritu mío,
no podrá recompensar ese amor,
pero Dios desde lo alto del cielo
de bendiciones te colmará.

9 de mayo de 1987
(cuatro años antes que mi madre
falleciera)


Copyright © 2000-2012 Ernesto González Borja. Todos los derechos reservados.