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lunes, 5 de diciembre de 2016

Poemas

Un poema a mi hija Mónica Tuttle

MOMISHA
Como en días soleados
de invierno
el  rostro tuyo ilumina
 el alma mía
con tu sonrisa franca
y alentadora.
Tu energía constante
contagia mi espíritu
haciéndome gozar tu estancia
en esta loca vida.
Te amo como te he amado
desde siempre, cuando Dios
te trajo a mi existencia.
Perpetuamente pediré
a nuestro Creador,
con respeto y humildad
su divina protección para ti
y  tu familia.
Eres constante
en tus empresas
poniendo ahínco
en lo que te propones,
por lo mismo estoy seguro
que llegarás lejos
cristalizando
tus mejores anhelos.
Te dejo estos versos
para que sepas que te amo
y que siempre
te admiro y respeto.
Con el amor de tu padre.

Ernesto González Borja
 Diciembre 2016

martes, 6 de septiembre de 2016

Encuentro de Poetas y Escritores Alta Verapacenses 2016

 
 
Este año se volvio a realizar el encuentro de poetas y escritores Alta Verapacense, organizado por el colegio La Inmaculada y la profesora Fabiola Dardon, la tarde se lleno de ilustres poetas y escritores reconocidos pero en especial uno el que fue conmemorado por su ardua labor y trabajo; el señor Carlos Lopez Cantoral, un gran amigo y colega escritor al cual le deso todos los exitos en su labores.

Ernesto Gonzalez Borja

viernes, 15 de julio de 2016

Desde esta fría celda



DESDE ESTA FRÍA CELDA
Mi corazón ardiente se derrite
al igual que plomo en el crisol;
mi angustia, el frío y la desolación
empañan mi alma… ¡en tu ausencia!
Mujer amada, de ojos vivarachos,
de labios  botón de rosa que invitan a los míos
a deleitarse de tu ambrosía.
¿Qué haré para tenerte a mi lado?
Los minutos pasan como raudas palomas
que se disipan surcando el viento;
las horas vienen, se convierten en días,
en semanas, en meses;
y pronto, los meses serán años.
Nadie puede concebir lo que mi corazón siente.
Tú y yo, vida mía, compartimos emociones,
sentimientos, soledad y tristeza.
Vivo noches negras y amargas
y endulzarlas quisiera con el recuerdo de tus besos,
o iluminarlas con el brillo de  tu cálida mirada;
pero respirar esta humedad que enferma
bloquea mi mente, y no vienen los recuerdos
de esos besos tuyos, cálidos y llenos de pasión.
A veces diviso un halo de luz en el oriente de mi vida,
un leve resplandor de una aurora,
un tenue albor que perezosamente se acerca,
pero que no veo más, sino hasta en el ocaso de mi pensamiento.
¿Será también el ocaso de mi vida?
Ese halo de luz, ahora se aleja
y deja en mi corazón una llama que no ilumina
sino oscurece, quema y hiere.
Fuego lento consumiendo mi alma,
derritiendo mi corazón, lacerando mis entrañas,
suprimiendo mi libertad de amar y ser amado,
de dar y recibir cariño, de besar y ser besado.
¿Cuánto tiempo más? ¿Semanas, meses, años?
¡No importa cuán largo sea el espacio!
Si son meses, semanas, días o largas horas.
Para mí seguirá siendo  eterno, si tú no estás conmigo.
Daría  muchos días de mi vida, si me los pidieran a cambio
de un segundo de tu presencia a mi lado.
Sólo me consuela el recuerdo de muchas noches
confortables, incomparables, juntos tú y yo.
Noches de amor y ensueño, sin sueño,
pero que vienen a mi mente en medio de una niebla
que enturbia totalmente mis recuerdos.
Quisiera escribir más, mojando el papel con lágrimas;
seguir escarbando en el limbo de mi alma
en busca de recuerdos gratos a tu lado,
pero no puedo seguir, mis ojos se nublan por el llanto.
Quiero hacerte llegar mi pensamiento,
y que quede indeleble, grabado en tu mente:
que siempre permanecerás en mi corazón,
dueña absoluta de mi amor y mi deseo,
motivo de mi vida, de mi total existencia.
Te mando un beso ardiente, un beso que lo lleva todo:
mi cariño y cada sentimiento de mi alma,
el amor puro y sincero, que no espera nada a cambio.
¡Te amo, y te seguiré amando por siempre!

jueves, 7 de julio de 2016

Poema



Hay momentos difíciles en la vida, cuando no vemos un horizonte acogedor y tranquilo.

CAOS
No sé lo que quiero
ni lo que anhelo
o espero.
¡No vislumbro esperanza!
Sólo siento dudas
de lo que viene
lo que pasa
o se va;
del amor
el odio
la pasión
la compasión
o la lástima.
Aurora oscurecida
vencida en el túnel del tiempo.

El ocaso se desvanece
oscuro y negro
como la muerte.
El aire espeso
irrita mis entrañas;
el viento tormentoso y necio
trae una nube de polvo
que arrastra mis ilusiones
y deja desierto mi corazón.

Las nubes son rocas
que amenazan con muerte;
las estrellas
brazas que queman
que derriten
cuerpos, almas y espíritus
Todo es un caos
Un infierno apocalíptico.
¡Los cuerpos se disuelven!
Una luz negra
quema las entrañas
hasta consumir el alma,
pero allá en lontananza
a veces diviso un destello
que no alcanza disipar
la penumbra de mi existencia;
sin embargo perdura
su pábulo de vida
y hace florecer
un insignificante rayo de luz.
¡Miserable esperanza mía
en el microcosmos
de mi existencia!

Ernesto González Borja

viernes, 3 de febrero de 2012

Grito del pueblo

Estentóreo grito que emerge
de la garganta de una anciana,
o de los labios de un adolescente.
¡Grito de protesta!
de hambre, de indigencia;
aparentemente inútil,
¡Indiferente!
pero, al fin, ¡Grito de protesta!
De niña o niño de escuela,
de anciana o anciano,
de muchacha o muchacho,
obrero o estudiante
en peligrosa aventura callejera.
Grito emitido en protesta clara
por el alto costo de la vida;
en reclamo de una justicia verdadera.
Grito reprimido en el pecho,
que hoy brotas desbocado
rompiendo la membrana del temor.
Grito liberado por el hambre,
que hoy sales como trueno fulminante
en caótica tormenta tempestuosa;
como turbulenta ola de mar embravecido,
al romper en el risco que la ataja;
como el quejido del árbol tumbado,
 al chocar contra el suelo
mortalmente herido.
¡Grito de protesta!
Grito del pueblo, antes dormido;
ahora acompañado por el ruido de cacerolas
ejecutadas por callosas manos
de asustadas madres indigentes;
acallado por bastones y gases;
enturbiado por vandálicos hechos.
¡Grito del pueblo!
Déjate escuchar claro y limpiamente.
Deja que el pueblo se desahogue…
Que desborde sus penas en ti;
no exijas tributo de sangre de hermanos.
¡Emerge, Grito de protesta!
Pero no degeneres en violencia.

Ernesto González Borja

Guatemala, 3 de septiembre de 1,985

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